Animal Crossing vive en una situación extraña. Nunca antes había sido tan popular, pero tampoco había estado tan lejos de aquello que enamoró a millones de jugadores en sus primeros años. Por eso, llevo días con una pregunta en la cabeza como fan que ha jugado todas las entregas de la saga: ¿estamos asistiendo al fin de Animal Crossing? Y no es que vaya a desaparecer, sino que desaparezca la esencia del juego que todos conocemos.

Resulta paradójico hablar de crisis cuando su última entrega, New Horizons, es el juego más vendido de la historia de la saga. Su propuesta llegó en un momento perfecto y se convirtió en un refugio para millones de personas durante la pandemia en el 2020. La absoluta libertad para decorar, diseñar y compartir creaciones con otras personas llevó la personalización a niveles nunca vistos. Pero, ese mismo éxito podría haber cambiado para siempre su identidad.

Los Animal Crossing para la GameCube, Nintendo DS, Wii o 3DS eran experiencias mucho más limitadas técnicamente, pero tenían algo que hoy muchos echamos de menos: personalidad. Los vecinos no estaban ahí únicamente para felicitar al jugador repetir frases simpáticas y amables. Tenían carácter e incluso mala leche. Bordes, egoístas, desagradables… había conflictos, enfados y conversaciones imposibles de predecir. Tenían vida propia.

Con Animal Crossing: New Horizons, Nintendo apostó por otro camino. La isla pasó a ser el centro absoluto de la experiencia. Recibimos herramientas casi ilimitadas para diseñar un auténtico paraíso, pero perdimos una cosa muy importante: el protagonismo de los vecinos, que quedaron relegados a un segundo plano. Muchos personajes comparten diálogos, reaccionan de forma similar y acaban siendo todos «iguales» aunque haya personalidades establecidas.

Quizá ahí encuentre el mayor problema de la saga. Cuando la decoración se convierte en la prioridad absoluta, los vecinos dejan de ser el alma del pueblo para convertirse en simples adornos del escenario. Y creedme, a día de hoy, parece más un editor de islas que un mundo habitado por NPC’s memorables.

Sin embargo, no estoy diciendo que New Horizons es el peor Animal Crossing de la saga ni mucho menos. El juego introdujo mejoras que hemos estado años pidiendo y amplió enormemente las opciones disponibles. Muchas de sus novedades deberían mantenerse en el futuro. El verdadero problema está en sacrificar la parte de la esencia social que lo hacía único.

La próxima entrega tendrá una responsabilidad enorme. No basta con añadir más muebles, más objetos o más herramientas de construcción. Animal Crossing necesita urgentemente recuperar su identidad. Sus diálogos, su personalidad y su capacidad para sorprendernos que tenía anteriormente. Necesita volver a hacer que encendamos la consola no para mover cuatro muebles de lugar, sino para ver qué está ocurriendo hoy en nuestro pueblo,

Quizá no estemos ante el fin de Animal Crossing. Sino que nos encontremos ante una encrucijada. Pero si Nintendo decide seguir potenciando únicamente la personalización y olvida aquello que convirtió a la saga en algo único, entonces sí que llegará el momento en el que aunque siga existiendo… pero sin que se sienta como Animal Crossing.

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