The Legend of Zelda: Ocarina of Time es un juego de épica luminosa que nos trae a todos grandes recuerdos que no tardaremos en revivir en su remake. Desde las verdes praderas de Hyrule, pasando por la ciudadela, hasta las melodías inolvidables que nos acompañan, todo es una épica imborrable de nuestra memoria. Sin embargo, detrás del viaje heroico que realizamos hay una tragedia silenciosa que nos acompaña si nos atrevemos a mirar mas allá.

El punto más perturbador de esta obra maestra ocurre en las calles de la Ciudadela de Hyrule. El destino que sufre la capital del reino y, de forma particular, sus habitantes tras la ascensión de Ganondorf al poder representa uno de los giros narrativos más oscuros, valientes y maduros que la compañía haya plasmado jamás en un videojuego.

1. La Ciudadela en la era infantil

Para entender el impacto de la tragedia, es indispensable recordar cómo se nos presenta la Ciudadela durante la primera etapa de la aventura. Cuando el joven Link abandona por primera vez el Bosque Kokiri y cruza el puente levadizo, se topa con el corazón de Hyrule.

La Ciudadela de la era infantil esta llena de vida, color y ciudadanos. El mercado central está abarrotado de habitantes que disfrutan de la paz , no piensan que nada pueda ir mal. Hay vendedores gritando sus mercancías, niños jugando al escondite en los callejones, amantes paseando bajo la luz de los faroles, un comerciante que compra frascos con criaturas extrañas y dueños de locales que ofrecen minijuegos de tiro con arco o la famosa atracción del perro perdido.

La música que acompaña esta zona es festiva, acelerada y despreocupada. Todo en la puesta en escena transmite la sensación de que Hyrule es un reino próspero y protegido por la corona. Sin embargo, bajo esa fachada de normalidad yace una tranquilidad peligrosa. Los ciudadanos ignoran las advertencias de la princesa Zelda y ridiculizan las sospechas sobre la lealtad de Ganondorf. Esa ceguera colectiva es precisamente lo que convierte la posterior caída de la ciudad en una lección narrativa devastadora.

2. La noche en que el castillo cayó

El verdadero horror se desencadena cuando Link, guiado por su deseo primario de salvar el reino, reúne las tres Piedras Espirituales y extrae la Espada Maestra del Templo del Tiempo. Lejos de convertirse en la solución inmediata, el acto del joven héroe actúa como la llave que abre la puerta del Reino Sagrado al mal.

Ganondorf no necesita invadir Hyrule mediante una guerra. Simplemente espera a que la puerta se abra para reclamar la Trifuerza del Poder. En el instante en que la garra del Rey Gerudo toca la reliquia divina, el equilibrio del reino se rompe por completo.

Durante los siete años en los que el espíritu de Link permanece aletargado en la Cámara de los Sabios, la Ciudadela es el primer objetivo de la ira de Ganondorf. Situada justo a las puertas del castillo real, la capital no tiene escapatoria cuando el tirano despliega su magia oscura. El palacio blanco y majestuoso es destruido y reemplazado por un castillo flotante sobre un foso de lava hirviente. Un manto de nubes negras y ceniza borra la luz del sol para siempre.

3. ¿Qué pasó realmente con los ciudadanos?

Cuando Link despierta convertido en el Héroe del Tiempo y cruza las puertas de la Ciudadela, la música alegre ha sido sustituida por el silencio. No hay vida en las calles. Las casas coloridas están en ruinas, las tiendas han sido saqueadas y la plaza central esta desolada.

Pero lo más espeluznante no es la destrucción del lugar, sino los nuevos habitantes que patrullan las calles. Estas criaturas cadavéricas, de tez marrón, rostros enmascarados y miradas vacías, deambulan por la plaza emitiendo gemidos de dolor.

Las dos facetas del drama humano

Durante años, los jugadores hemos debatido sobre el destino de la población de la Ciudadela. La narrativa del juego ofrece dos lecturas:

  • El éxodo de los supervivientes: Al visitar la aldea de Kakariko en la era adulta, encontramos a varios de los antiguos habitantes de la plaza. El dueño del juego de las bombas, la niña del perro y algunos transeúntes lograron huir hacia las montañas antes de que la ciudad fuera aplastada por completo. Kakariko se convierte así en un campo de refugiados improvisado que intenta mantener la esperanza en un mundo devastado.
  • El destino de los caídos: Quienes no lograron escapar sufrieron un destino mucho peor. Múltiples pistas en el diseño del juego sugieren que los cadáveres andantes que pueblan la plaza no son simplemente monstruos, sino los propios cuerpos de los ciudadanos que murieron durante la invasión, reanimados por la magia negra de Ganondorf para servir como un recordatorio eterno de su poder.

El comportamiento de estas criaturas refuerza esta espeluznante interpretación. Cuando Link se acerca a uno de ellos, la criatura emite un chillido, para luego abalanzarse sobre Link en un abrazo asfixiante. No atacan con armas ni con hechizos; atacan con el peso de su propio dolor y desesperación.

4. El trauma como herramienta de crecimiento

Analizado desde una perspectiva de diseño narrativo, el destino de la Ciudadela de Hyrule es un ejercicio brillante por parte de Shigeru Miyamoto, Eiji Aonuma y su equipo. En la era de los 64 bits, cuando los videojuegos aún luchaban por consolidar su lenguaje maduro, Ocarina of Time utilizó el contraste del tiempo para madurar a la par que el jugador.

Al obligarnos a caminar por las ruinas de un lugar que conocimos lleno de vida y alegría, el juego no solo nos muestra que el mundo ha cambiado. Lo sentimos de lleno. La pérdida de la inocencia no es un concepto abstracto en líneas de texto, sino un impacto visual y auditivo directo.

Link entra en el Templo del Tiempo siendo un niño que juega a las aventuras y sale siete años después a un mundo apocalíptico donde sus decisiones inocentes tuvieron consecuencias crueles. La Ciudadela destruida es la manifestación de la culpa y de la enorme carga que el Héroe del Tiempo debe llevar sobre sus hombros. Ya no combate únicamente para salvar a una princesa, sino para redimir a un pueblo que pagó el precio más alto por su precipitada búsqueda de las piedras sagradas.

El legado de una cicatriz imborrable

A pesar de que el juego termina con la derrota de Ganondorf y la restauración de la paz por parte de los Sabios, la cicatriz de la Ciudadela jamás se borra del todo en la memoria del jugador. La imagen de la plaza desierta, los gemidos del viento y la sombra del Castillo de Ganon flotando sobre las ruinas quedan grabadas como el testimonio de que el mal en la saga Zelda no siempre es un villano, sino una fuerza capaz de arrebatar vidas, sueños y hogares.

El oscuro destino de los ciudadanos de Hyrule eleva a Ocarina of Time de ser un simple cuento de fantasía a convertirse en una tragedia atemporal sobre la responsabilidad, la pérdida y el doloroso precio de la madurez.

¿Teneis ganas de volver a Hyrule? Dejanos que esperas del remake de Ocarina of Time en los comentarios

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